Cualidades Imposibles

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Cualidades Imposibles

Mensaje  !!Mitchi!! el Vie Jun 13, 2008 8:33 am

*Tecleando el futuro*

La
nave Apolón se posó en la superficie de la Luna. Tras varios pequeños
brincos pudo estabilizarse. Se abrió su rampa y por ella descendió el
comandante Armstrong para pisar por primera vez el suelo de ese mundo
desconocido". Estas palabras no pasarían de ser una escueta y muy
sucinta crónica de la llegada del Hombre a nuestro satélite de no ser
por un "insignificante" detalle: fueron escritas en 1954.

Iker
Jiménez (Enigmas, núm. 65) La cosa no es baladí. Nadie sabe qué se le
pasó por la cabeza al sombrío escritor Lester del Rey para presentara
en su editorial un manuscrito donde, por gracia de la casualidad
imposible, se narraban hechos que estaban aún por llegar. Hay quien
dice que el comandante astronauta Neil Armstrong, al leer aquella
"novelucha" de insignificante tirada, se encogió de hombros. Él había
sido, efectivamente, el primer hombre en dar el célebre "gran paso para
la Humanidad" sobre la llanura de la Luna, tras bajar por la
escalerilla del Apolo. Lo hizo en julio de 1969. Lo que nadie
comprendía es por qué alguien lo había escrito quince años antes.

Ramón
Felipe San Juan Mario Silvio Enrico Álvarez del Rey (1913-1993) era el
nombre, o la ristra de nombres, del escritor que había tecleado el
futuro. Tan escasos como eran sus lectores en la década de los
cincuenta, pocos repararon en el detalle contenido en el interior de la
primera edición de su novela Misión a la Luna.

Lester del Rey,
cumpliendo encargos para baratas colecciones de ciencia-ficción fue
"profetizando" alguna que otra cosa durante su prolífica, aunque no muy
exitosa carrera. Al final, y aunque la suerte le sonrió como editor,
nunca quiso aclarar a sus seguidores el por qué de aquella casualidad.
Hombre digno del género que cultivaba, se llevó el secreto a la tumba.
En
la época de aquel librito, que por lógica se acabó convirtiendo en
incunable de culto, el irlandés Jonathan Swift ya llevaba dos largos
siglos instalado en el Olimpo de los escritores inmortales gracias,
sobre todo, a una obra compleja y llena de insólitas revelaciones: Los
Viajes de Gulliver.

Si hoy buscamos cuidadosamente por sus
páginas encontraremos párrafos que nos harán pensar. Uno de los más
enigmáticos dice lo siguiente:

"Se ven en el cielo dos estrellas
menores o satélites que giran alrededor de Marte, tienen nombre de
miedo y su interior dista del planeta central tres veces su diámetro,
en el caso de la primera, y el quíntuple en caso de la segunda...

¿Fantasía?
¿Imaginación desbordada? Eso se pensó en su época, aunque hay que
reconocer que un escalofrío recorrió el espinazo de los lectores cuando
comprobaron, 156 años después, cómo el astrónomo Asap Hall descubría
las dos lunas de Marte. Jamás vistas hasta entonces, fueron bautizadas
como Fobos (espanto) y Deimos (terror), el nombre de los caballos del
dios de la guerra. Para añadir más misterio e incomprensión, las
distancias y proporciones descritas en los viajes de Gulliver eran...
¡exactas¡


*Predecir la muerte*

A
Mark Twain pocos le hicieron caso. Su profecía tenía algo de siniestra
y la gran fama que ya arrastraba sólo sirvió para que sus más allegados
pensaran que todo se trataba de una pura excentricidad digna de un
genio con ganas de más notoriedad. Sin embargo, él seguía empeñado en
los últimos meses en vaticinar un hecho muy concreto. Huraño y
preocupado, alejado del resto de los círculos intelectuales, barruntaba
una única frase: "Yo nací con el cometa y me iré con él"

No fue
hasta muchos años después cuando algunos biógrafos descubrieron la
increíble coincidencia. Twain había fallecido por muerte natural al
terminar el 21 de abril de 1910, en el preciso instante en que era
perfectamente visible el paso del célebre cometa Halley.
Rápidamente
muchos echaron atrás las páginas de almanaques y calendarios temiéndose
lo peor. El viejo Mark había nacido un buen día de 1835, momento en el
que el cometa, visible tan solo una vez cada 70 años, dejaba su estela
sobre el cielo. Su vida fue un periplo exacto entre las dos llegadas
del gran coloso errante del espacio.


*Dos incidentes sensacionales*

Agosto
de 1883, hora de cierre del periódico Boston Globe. El redactor jefe,
De Sampson, acaba de tener un sueño terrible que aún se refleja en el
sudor frío que le recorre el cuello. Le ha parecido algo tan real que,
haciendo una especie de guiño macabro, lo coloca como noticia en un
perdido recuadro de páginas interiores. Es una broma de mal gusto que
apenas nadie detecta y que dice así: "36.000 muertos tras la erupción
de un volcán en la isla asiática de Pralape".

La lógica bronca
del director llegó al día siguiente. ¿Cómo era posible que un reportero
experimentado hubiese publicado aquella sandez sobre un lugar ficticio?
En un despacho de la parte alta del edificio se estaba especulando la
multa o despido de Sampson cuando llegó una noticia referente a lo
publicado en el Boston Globe. Varios investigadores e historiadores,
sorprendidos por la noticia, demostraron con datos y viejos legajos en
la mano cómo hacía unos siglos que un gran volcán había destruido la
isla indonesia de Krakatoa, arrojando un balance de víctimas igual al
soñado por el redactor. Sorprendente ¿verdad? Pero lo más intrigante
estaba por llegar. Un nuevo informe universitario sentenció que los
hechos ocurrieron a mediados del siglo XVII. En el momento de la
erupción la isla tenía otro nombre, sólo conocido en lengua indígena:
Pralape.


¿Coincidencia? ¿Vidas paralelas? ¿Sincronicidad
imposible? ¿Fuerzas e hilos que se entremezclan en los profundos
laberintos del destino? Aquí están los hechos. A ustedes les
corresponde opinar.
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